¿Puede una mujer sensible ser una buena líder?

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Inés Moreno Serrano

Llevo una semanita de órdago. Puedo culpar a los eclipses, a la luna o a mi síndrome premenstrual pero la verdad es que creo que se juntan tres importantes factores:

 

  1. Maternar sola
  2. Querer llegar a todo
  3. Mi sensibilidad

Sea cual fuera la razón, la consecuencia fue que esta semana mi cuerpo me dijo que YA NO MÁS. 

 

Cuando las lágrimas se apoderan de mí 

 

¿Y cómo me lo dijo ? Pues ya no a través del cansancio, ese compañero de vida que tanto normalizamos en nuestra sociedad (de eso ya hablaré en otro momento porque aquí hay mucha tela que cortar…).

Me lo dijo a través del desborde emocional. Tenía tantas ganas de llorar que no podía funcionar “bien”. Y entonces yo me pregunto…

 

“¿Esto me pasa solo a mí? ¿Esto le pasará también a los hombres? ¡Hombres del mundo, pronunciaos, por favor!”

 

En cualquier caso, ahí estaba yo, llevando a mi hija al campus de verano en mi fiel Opel Corsa, con las gafas de sol puestas y las lágrimas cayendo discretamente por mis mejillas. 

 

Llegamos. La abrazo. Me despido y me dirijo ilusamente a la piscina a entrenar. Teniendo en cuenta que el campus me ofrece 5 horas de “tiempo libre” pretendo aprovecharlo al máximo. 

 

Y, claro, ahora bien la trampa…Como emprendedora que soy mi primer impulso es…¡Cinco horas para trabajar! ¡Vamooooooos!

 

Pero como ya hemos aprendido de los burnouts varios de nuestra vida sabemos que de esas 5 horas, al menos 1 tenemos que dejarla para cuidarnos y mimarnos (como Faraonas que somos). 

 

El problema viene cuando en esa hora queremos encajar: 

 

  • Deporte porque quiero estar en forma. Quiero estar fuerte 
  • Ponerme al día de los audios de mis amigas. Porque las quiero y quiero estar ahí para ellas.
  • Desayunar tranquila. Porque me lo merezco (y porque las 23h restantes estoy al servicio de mi hija)
  • Y ADEMÁS hoy también tocaba…Regular mis emociones porque las lágrimas llegaron y no se iban.

Ilusa de mí me tumbé a hacer los hipopresivos pensando que con el deporte “me cambiaría la vibra” y dejaría de llorar. ¡Falso!

 

Me imaginaba viéndome desde fuera tumbada en el césped con esa postura tan rara de los hipopresivos, rodeada de gente de vacaciones tomando el sol y yo haciendo apnea con las lágrimas cayendo una vez más. Era ridículo. 

 

Torre de Control llamando a Inés para que pare su inercia…¡Amiga mía, que estamos colapsando! ¿Es que no lo ves? 

 

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El coste de toda decisión 

 

Pues bien, no me quedó otra que atender mis necesidades emocionales pues de todo lo que me traía entre manos era obvio que era lo más urgente e importante. ¡¿Cómo iba a echar por la borda 10 años de terapia?!

 

¿Cómo conseguí pasar de la exigencia y la rigidez a la compasión? 

 

En este caso mi decisión se basó en un beneficio a medio plazo. 

 

Porque si decidía seguir suprimiendo mis emociones y “tirar para adelante” como había hecho tantas veces en el pasado…

 

Sabía que estaba invirtiendo en un posible problema de salud a largo plazo. O incluso en una depresión. Que es lo que suele pasar cuando nos pasamos la vida ignorando nuestros verdaderos deseos y necesidades.

 

A corto plazo el coste era que no iba a ponerme fuerte tan rápido. Seguiría teniendo “alitas de pollo” un día más. Pero igualmente no me iba a poner más fuerte que el vinagre en un día. Y yo me conozco y sé que tengo disciplina a toneladas. 

 

Así que mi decisión fue: no sólo no hacer deporte ese día, sino también dejar de lado alguna que otra tarea no urgente. 

 

La consecuencia de esta segunda decisión pasaba porque el domingo tendría que trabajar. Por tanto, tendría que pedirles el favor a mis padres de que cuidaran de mi hija para poder hacerlo. Afortunadamente la vida me regaló unos padres JOYA así que utilicé ese recurso. 

 

¿Cuál era la ganancia de esta decisión?  

 

Al tomar esta decisión había ganado:

  • Claridad. Porque estando desregulada no se toman buenas decisiones. La parte racional está nublada (secuestrada, literalmente)
  • Salud: porque mi cuerpo se sentía más seguro. Se sentía a salvo y cuidado al haberme podido desahogar.
  • Energía: la consecuencia natural de todo esto es que volvía a sentirme bien. Y mi estado natural es el de tener energía para ir y venir a París en bicicleta.
“¡Volvía a estar disponible para el mundo! Y sólo me tomó una hora” 

 

En una sociedad más humana, justa y compasiva…La sensibilidad es sexy 

 

Pues bien, para responder a la pregunta que planteaba al inicio, creo que una mujer sensible puede ser una gran líder en un entorno que propicia el bienestar de todos sus miembros. Y esto aplica a una comunidad, a una empresa o a una sociedad. 

 

En una sociedad en la que realmente nos importe que la persona que está a mi lado esté bien, la empatía sería un valor en alza y de empatía sabemos mucho las mujeres sensibles. 

 

Además las mujeres sensibles notamos fácil y rápidamente cuando algo no está bien tanto en nosotras como en nuestro alrededor (familia, equipo, alumnos, clientes…). Es nuestro superpoder.

 

Y en esa sociedad quiero vivir 

 

Entonces…Si vemos (y sentimos) que algo no está bien…¿Acaso no se valioso señalarlo y pararse a ayudar a reparar? ¿Por qué dejamos siempre las emociones para “después”? 

 

Como persona sensible sé el impacto que tienen las emociones mal gestionadas ya no sólo en mí como persona sino también cómo pueden afectar al entorno a nivel relacional. Y, que yo sepa, uno de los factores más deseables en los entornos de trabajo es la motivación y la cooperación…¿No?

 

Por eso insisto tanto en que los líderes (hombres, mujeres y personas no binarias) tenemos derecho a ser humanas (NO máquinas). Porque la sociedad de hiperproductividad extrema se está acabando y la que está llegando es mucho menos jerárquica y más compasiva. 

 

Aunque a primera vista parezca que no, porque cada vez nos estamos polarizando más, porque cada vez parece haber más desigualdad e injusticia en las noticias…Yo confío plenamente en mi visión del futuro. Puede que no llegue en un par de años pero llegará…Y yo quiero poner mi granito de arena en el camino para que así sea. En mi caso fomentando el autoconocimiento y el bienestar laboral. ¿Te unes al cambio?  Cuéntame qué piensas de todo esto en comentarios. 

 

Autora: Inés Moreno, coach gestalt y mentora de negocios. Reserva tu mini sesión gratis y te cuento las distintas modalidades de trabajo juntas.

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Soy Inés, experta en marketing y terapeuta Gestalt.

Llevo 15 años dedicándome al marketing y 8 en proceso de crecimiento personal. Por eso decidí enfocar mi trabajo al sector terapéutico.

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