Mi mayor descubrimiento no ha sido mi creatividad, mi capacidad resolutiva ni mi don de gentes….En el viaje de autoconocimiento que es emprender lo que más me ha sorprendido es…Mi autoexigencia.
Cuando me lancé a emprender me imaginaba cómo sería tener mi propio negocio. Y no…A priori no me veía como una millonaria con un mega equipo detrás. Mi visión era esta:
Yo sintiéndome libre, viviendo de mi pasión y haciendo las cosas a mi manera. Me imaginaba teniendo tiempo para estar con mi familia y amigos y dedicando una gran parte de mi tiempo a mi propio desarrollo personal: música, danza, formaciones y experiencias de todo tipo…
Esta era (y sigue siendo) mi visión a nivel personal. ¿Y cómo me ha ido con eso hasta ahora? Mmmmm…Pues han habido sus más y sus menos.
Convirtiéndome en mi peor jefa
Empecé mi emprendimiento tras un doloroso divorcio mientras vivía con mis padres. Ellos se ofrecieron a apoyarme mientras yo me recuperaba emocionalmente.
Había vuelto a Sevilla, ciudad de la que me fui con 17 años…Y volví con 38 y con una hija de dos años…En esos momentos sentía que “no tenía nada que perder”. Había perdido mi marido, mi hogar, mi vida en Benalmádena, mi trabajo por cuenta ajena…
Lo que sí tenía era: mi salud, el apoyo de mis padres y una hija que era mi mayor tesoro…Eso y una motivación profunda que llevaba años quemándome por dentro…Quería emprender. Así que me volqué en mi trabajo.
Mi motivación principal era conseguir suficientes ingresos para poder independizarme. Monté mi plan de negocio, mi plan de marketing, mi plan de acción…Y allá que fui.
El primer error que cometí fue a la hora de estimar cuáles iban a ser mis ingresos. Me puse un objetivo demasiado alto, imposible de alcanzar con los recursos que disponía para darme a conocer…
Ilusa de mí pensé que si trabajaba más, si iba a más eventos de networking y creaba más contenidos conseguiría clientes más rápido…Pero las cosas no son matemática pura…
Conseguí clientes, mis ingresos fueron creciendo pero no al ritmo que yo deseaba. Así que mi autoexigencia se hizo “la jefa”. Con ella al mando yo hacía muchas cosas pero desde un lugar de prisas, desesperación, miedo al fracaso…
Hiciera lo que hiciera…Para mi autoexigencia nunca sería suficiente. Porque siempre habría algo más que hacer, algún objetivo que alcanzar. Y, de hecho, el objetivo principal que me había marcado, un número concreto de facturación…No llegaba.
Sin darme cuenta me había convertido en mi peor jefa. ¿De dónde me venían esas prisas, esa presión, ese nivel de exigencia interna?
Cómo bajarle el volumen a mi autoexigencia
Con mucho trabajo de autoconocimiento conseguí responder esas preguntas (¡qué bien ser coach gestalt!). En la Gestalt el proceso de autoconocimiento funciona así:
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Te escuchas
Para poder darte cuenta de algo primero tienes que estar atento a lo que te está pasando (o como decimos en terminología gestáltica…”Estar presente”).
Y todxs, absolutamente todxs, operamos gran parte del día y de la vida en automático. Eso está bien. Es necesario para vivir en la sociedad actual.
El problema viene cuando te pasas la vida corriendo de un sitio para otro apagando fuegos sin darte la posibilidad de tener esos “momentos de presencia” (o como yo los llamo…”Momentos OASIS”.
Un momento OASIS puede ser 5 minutos al despertarte, 5 minutos al mediodía y 5 minutos antes de dormir para parar todos los estímulos externos y simplemente: respirar, sentirte y preguntarte…¿Cómo estoy?
Si tienes más tiempo y, además, puedes escribirlo en un diario y hacer alguna práctica de autorregulación…Entonces ya te convertiste en Faraona 😉🐆

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Te das cuenta
Yo desde el divorcio cultivaba mis “Momentos OASIS” como algo sagrado. Por eso me fui dando cuenta de que algo pasaba…
Estaba emprendiendo. Las cosas me estaban saliendo más o menos bien. Y, aún así, sentía que era un fraude y que estaba lejísimos de mi objetivo.
Sentía muchísimo estrés y presión por tener independencia económica aunque yo había hablado con mis padres del apoyo que estaba recibiendo y objetivamente era bien recibida en su casa.
Entonces, una vez más, me hacía la pregunta…¿De dónde me venían esas prisas, esa presión, ese nivel de autoexigencia?
Llegó el momento de hablar con ella. En esos momentos tenía la gran suerte de contar con Fermín González como terapeuta y juntos pudimos hacer esa práctica y desenmarañar lo que estaba pasando…
Yo quería demostrarme a mí misma y a mi familia que se podía tener un negocio y tener estabilidad económica.
Por un lado, porque imaginarme volviendo a tener un ”trabajo normal” hacía que se me retorcieran las entrañas…Al fin y al cabo ya había saboreado las dulces mieles de la libertad y el autoliderazgo y no estaba lista para soltarlo aún.
Por otro lado, porque en mi familia se ha valorado siempre mucho la seguridad y la estabilidad económica (por nuestra historia familiar). Yo crecí con mi padre diciéndome “Haz lo que quieras pero, sobre todo, no emprendas. Es peligroso. Te puedes quedar sin nada”.
Y ahí estaba yo…Emprendiendo mientras vivía en su mismo techo. Y no desde el desafío adolescente o rebelde, sino desde una decisión consciente y madura.
Así que estaba yendo en contra del mandato familiar. Y eso ya añadía bastante presión al cóctel emocional en el que me encontraba. Quería rebatir esa creencia (o introyecto) de que “emprender es peligroso”.
Pero es que, además, quería hacerlo lo antes posible para que no tuvieran ellos que sostenerme en el proceso. Me parecía injusto ir en contra de lo que me habían enseñado y, encima, hacerlo “a costa” de ellos.
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Tomas responsabilidad
Pues bien, ya sabía por qué tenía tanta prisa y tanta presión por llegar a mis objetivos económicos. Entender de dónde viene mi autoexigencia es una de las claves para poder cambiar mi conducta, que sería el tercer paso en este proceso de crecimiento personal.
Una vez que ya has podido ver lo que te pasa e incluso entenderlo llega la parte más difícil…Tomar responsabilidad. Es decir, si ves que tu conducta te está dañando, es tu responsabilidad hacer lo que puedas para modificarla.
Cambiar no es algo necesariamente fácil. Sobre todo si es algo que lleva contigo toda la vida (a veces lleva generaciones y generaciones en tu familia). Así que…¡Cuidadito con las expectativas! A veces hace falta
un proceso terapéutico largo y profundo para poder cambiar ciertos comportamientos.
Pero, queridx Faraonx, todo cambio comienza con un pequeño paso. Dar pequeños pasitos en la dirección marcada es la clave de un cambio sostenible. Por tanto…¿Qué pasos di yo para dejar de ser mi peor jefa?
- Sigo cultivando mis “Momentos OASIS” para ver cómo estoy y poder atenderme cada día. ¡Esto ayuda MUCHO!
- Cuando noto que me pueden las ansias me paro y tengo una charla con mi autoexigencia (yo la denomino cariñosamente “La Castigadora”). La escucho. Veo qué necesita e intento llegar a un acuerdo para que pueda bajar su intensidad.

Por ejemplo: si veo que un mes no estoy llegando al objetivo de facturación marcado, podría:
- Ponerme a probar acciones a la desesperada. En esta opción “La Castigadora” es la que tiene el mando.
- Revisar cómo están mis finanzas para ver qué repercusión real tiene esta bajada de ingresos para mí…¿Tendré suficiente dinero para cubrir mis costes? Si la respuesta es sí, normalmente mi autoexigencia suele bajar unos puntos.
- A continuación reviso cuáles eran la acciones necesarias para llegar a ese objetivos económico y analizo qué obstáculos han surgido. Intento hacer esto con la mayor compasión posible. Recordando que no todo está bajo mi control.
- Anoto los aprendizajes, reviso la estrategia y planteo nuevas acciones en un plazo razonable. Si es necesario, consulto con compañeros del sector y/o con expertos para que me ayuden.
- ¡Y listo! La Castigadora puede estar tranquila. Este mes no he llegado a ese objetivo en concreto pero SÍ he avanzado y accionado todo esto: [Y haría una lista para que mi conciencia se quede tranquila]
Por supuesto para cada persona la ansiedad y la exigencia se detona en momentos diferentes y por razones diferentes. Por eso es tan importante que si tienes una mentora de negocios o una coach empresarial, que te pueda apoyar no sólo en la parte estratégica sino en la parte humana también. Y por eso, precisamente, me hice mentora de negocios Y bienestar laboral, porque no concibo que se separe la operativa de un negocio de las personas que lo sostienen. Son entes interconectados y ambos (negocio y recursos humanos) necesitan el mismo nivel de atención.
Si te gustaría incorporar un poco de bienestar y autoconocimiento a la estrategia de tu negocio, reserva tu sesión de 15 minutos gratuita para conocernos. Puedes hacerlo aquí.
Autora: Inés Moreno, coach gestalt y mentora de negocios. Reserva tu mini sesión gratis y te cuento las distintas modalidades de trabajo juntas.






